Tengo una amiga

Posted on May 17 2019 - 3:43pm by María Sánchez

Desde la última vez que los hizo, mi amiga se prometió no volver a elaborar macarons para el resto de su vida. Resultó desastroso. Fue un comensal quien le dijo que no volvería jamás a su restaurante dado el malogro del dulce.

A mi amiga, por más esfuerzo que hizo y las horas que dedicó, -ya veis-, se le estropeó. Tal vez por ella, tal vez porque la materia prima elegida no fue la correcta… Hubo tantos “tal veces” que se agolparon en su cabeza causando tal desconfianza y miedo que, como he dicho, su vida en la cocina se desarrollaría muy al margen de los macarons.

Mi amiga se dedicó en cuerpo y alma, y corazón, y tiempo, a la cocina, -a su pesar-, como único refugio. Pero hizo bien, pues se olvidó por completo de esa frustración pasada, aunque ello no le impidiera pensar e interiorizar que no volvería a caer en esa preparación. ¡Jamás de los jamases se acercaría al cajón que albergaba los ingredientes y utensilios para llevar a cabo esa receta maldita para ella!.

Pasaron casi cinco años y mi amiga encontró una receta nueva del dulce olvidado y no pudo resistirse. Además, fueron muchas las amigas que le animaron a arriesgarse, a intentarlo de nuevo, a recuperar la confianza. Era una receta increíble, la mejor, ¡la única!, ni la de la famosa Ladurée Patisserie de París. Cuanto más la leía más le gustaba, llegó a amarla, a subrayar cada trazo de cada letra de sus ingredientes, quería darlo todo por esa receta que le guiaba paso a paso cómo hacerla.

Mi amiga mezcló los ingredientes con más amor y cuidado del que jamás había ofrecido en su vida. No quería que saliera nada mal, le embriagaba su olor a azúcar glace, su textura le hacía sonreír y cuando la probaba, disfrutaba como cerezas en un bombón con licor.

Pero algo pasó. Durante la elaboración del dulce, mi amiga notó que las claras se bajaban, se cortaba, se resistía.

Mi maldita amiga, mi frágil amiga, antaño fuerte, se preguntaba qué pasaba: <<¿Añadí algo de más o algo de menos? ¿Será que este calor que me quema le ha quemado también? ¿Por qué no responde a tanta dedicación y amor hacia él? >>.

Mi amiga, confiada y miedosa amiga, se dirigió al cajón donde encontró la nueva receta y revolvió los papeles que se encontraban dentro. Allí estaba lo que parecía ser el folio impreso que hacía de portada de la receta, y en un recuadrito se podían leer unas letritas muy pequeñas que decían: <<No es la receta que buscas, no puedo darte los ingredientes que tú quieres>>.

Mi amiga quedó destrozada, no porque la receta no fuese lo que ella pensaba, sino por cómo se sintió al leer la letra pequeña. La receta falsa parecía haber buscado a mi amiga para destrozarla, ningunearla, despreciarla y recordarle que nunca jamás será la elegida para esa receta.

Mi amiga ya no es mi amiga, es una extraña para mí que perdió su esencia en un bol de medio punto entre azúcar amargo e ilusiones rotas. Se perdió en una portada de una receta que debería estar pegada a ella y no escondida en el fondo de un cajón.