Imaginaos a un niño dibujando aviones mientras se esconde debajo del escritorio de su padre. Ahora pensad que si no hubiera existido esa mesa o su progenitor no hubiera sido ingeniero aeronáutico, una de las mentes más brillantes de nuestro siglo no habría apostado por uno de los proyectos más bellos y enigmáticos jamás creados: los perfumes Starck Paris.

Sin duda, la historia de Philippe Starck no sería la misma sin la referencia paterna a la que hemos hecho alusión. Tampoco tendríamos la oportunidad de sentir la fuerza de Peau de Pierre, un perfume que, en palabras del propio creador, “se convierte en un símbolo ambiguo que representa los distintos aspectos de nuestra personalidad”.

FRAGANCIA:

Esta fragancia es, además, un cofre para guardar nuestros recuerdos. Recuerdos que, en fechas como estas, nos llegan como ecos que resuenan en la frontera de nuestra mente.

Y es que, después de todo, somos muchos los que seguimos siendo como aquel muchacho que pintaba aviones a los pies de su padre y que soñaba con ser un idealista profesional para encerrar la creatividad más absoluta en un aroma tan especial como Peau de Pierre.