Hay una idea que atraviesa toda nuestra experiencia en Bodegas Nexus & Frontaura y que, sin necesidad de grandes discursos, lo define todo, el verdadero lujo no está en lo ostentoso, sino en el tiempo. En saber esperar. En hacer las cosas bien, sin atajos.

Es algo que se percibe desde el primer momento. En el ritmo de la visita, en la calma con la que se recorren los espacios, en la manera en la que cada explicación se convierte en una historia. Y, sobre todo, en la forma en la que Camino Pardo (directora del proyecto) habla del vino. Porque aquí el vino no es solo un producto. Es una experiencia que empieza mucho antes de probarlo.

“Yo quiero que el primer sorbo sea amable. Que te invite a seguir bebiendo. Que no moleste, porque el vino es algo gastronómico”, explica mientras sostiene la copa.

Esa búsqueda de amabilidad, de equilibrio, de disfrute real, es el hilo conductor de todo lo que ocurre en Nexus & Frontaura. Un proyecto que se mueve entre dos territorios con personalidad propia (Ribera del Duero y Toro) y que, sin embargo, mantiene una identidad clara, vinos que se sienten, que acompañan y que permanecen.

EL PLACER EMPIEZA ANTES DE BEBER

En este universo, el vino no empieza en la boca. Empieza en los sentidos.

En el sonido del descorche, en el gesto de servir, en el color que anticipa lo que vendrá después. Todo forma parte de un ritual que Camino describe con naturalidad, pero que encierra una mirada profundamente sofisticada.

“El vino interviene en todos los sentidos: el ruido, la vista, la nariz… es un mundo, y en ese mundo, el equilibrio es la clave» insiste Camino Pardo. Un concepto que puede parecer técnico, pero que aquí se traduce en algo mucho más tangible: vinos que no cansan, que no saturan, que invitan a seguir. Como una buena conversación o un plato bien construido, todo encaja sin esfuerzo.

ENTRE DOS TERRITORIOS, UNA MISMA FILOSOFÍA

Nuestro viaje continúa en la Bodegas Nexus, el Tempranillo crece en un entorno exigente, donde el clima marca el carácter del vino. Días de calor intenso y noches frías, se convierten en el contraste perfecto que define el estilo.

“Aquí la gran suerte es que por la noche baja mucho la temperatura. Ahí está la frescura”, explica Camino. Esa frescura es la que aporta tensión, elegancia y equilibrio. Pero también obliga a una atención constante, especialmente en un contexto donde el clima ya no responde a los patrones de antes. “Hoy en día el calor se ha trasladado. En vendimia tenemos muchísimo calor, y eso hace que suba el grado. Tienes que estar muy pendiente” nos continua explicando.

La vendimia se ajusta, se adelanta, se observa casi al detalle. Porque en el vino, cada decisión cuenta.

“El vino tiene que estar equilibrado. Tiene que saberte en todas las partes de la boca”, explica durante la cata. Y añade una idea que resume su manera de entender el vino: “Un vino tiene que tener finura. Que sea elegante, equilibrado y que te guste”.

LA ELEGANCIA DE LO BIEN HECHO

En un momento en el que muchas veces se confunde potencia con exceso, Nexus & Frontaura apuesta por una elegancia silenciosa. Por vinos que tienen cuerpo, pero también fluidez. Que llenan la boca, pero no la invaden. “La potencia no es agresividad. Es que el vino recorra toda la boca y te pida más” nos dice Camino. Ese equilibrio no es casual, es el resultado de una forma de trabajar en la que el tiempo es protagonista.

“No me gustan las prisas. Nada”, afirma Camino, ya casi como un mantra.

Y esa ausencia de prisa se traduce en cada fase del proceso, en una filosofía que se aleja deliberadamente de la urgencia contemporánea para abrazar algo mucho más esencial, el tiempo como ingrediente invisible, pero decisivo. Aquí, el vino no se fuerza ni se acelera, se acompaña.

Las fermentaciones no obedecen a calendarios rígidos ni a intervenciones agresivas, siguen su propio pulso biológico, ese que no entiende de atajos. Se observa, se escucha, se respeta. Porque intervenir demasiado sería romper el equilibrio natural que se está construyendo en silencio dentro de cada depósito. Es un diálogo constante entre la mano del enólogo y lo que la uva está dispuesta a ofrecer, sin imposiciones.

Después llega la crianza, quizá el momento donde esta filosofía se hace más evidente. No se trata de “optimizar tiempos”, ni de anticipar decisiones por exigencias del mercado. Aquí, el vino permanece en barrica o en depósito el tiempo que necesita, no el que dicta una tendencia. Meses que se convierten en años cuando es necesario, capas de complejidad que no se pueden forzar ni replicar artificialmente. El vino va afinando su carácter, como si estuviera aprendiendo a hablar con más matices.

Y finalmente, el momento del embotellado y la salida al mercado. Tampoco aquí hay prisa. El vino no se lanza como un producto terminado en una línea de producción, sino como algo que ha alcanzado su punto de equilibrio natural. A veces antes, otras después de lo previsto, pero siempre cuando realmente está listo. Sin compromisos con el calendario, solo con su propia identidad.

En este contexto, el lujo no se entiende como exceso ni como sofisticación aparente, sino como la capacidad de esperar. Esperar a que el vino encuentre su forma definitiva, a que la evolución haga su trabajo sin interrupciones, a que el resultado final no responda a una fecha, sino a una verdad interna.

EL VALOR DEL OFICIO DESDE EL INICIO HASTA EL FINAL

En bodega, ese respeto por el tiempo se materializa en el detalle. La barrica, por ejemplo, no es un elemento decorativo ni una tendencia, sino una herramienta que se trabaja con precisión. “El mundo de la barrica es maravilloso. Es un oficio”, nos cuenta Camino.

Roble francés de Allier, selección cuidadosa, tostados ajustados… pero siempre con una idea clara: “No queremos que el vino sepa a madera, queremos que sepa a fruta”. La barrica acompaña, estructura, aporta complejidad. Pero nunca domina. Lo mismo ocurre con el corcho, otro elemento aparentemente técnico que aquí adquiere una dimensión casi filosófica. “Es vivo, flexible, natural”, termina diciendo Camino, porque el vino también lo es.

Sin embargo, todo ese trabajo pierde sentido si no se entiende lo esencial que es que el vino nace en el viñedo. Caminar entre cepas es entender que cada decisión importa. La poda, la orientación, el cuidado diario, todo suma. Y es ahí donde entra en juego uno de los grandes valores del proyecto: las cepas viejas. Viñas que llevan décadas (incluso más de un siglo) creciendo, adaptándose, sobreviviendo. Son ellas las que aportan profundidad, carácter, identidad, las que convierten cada vino en algo único.

Vinos de nuestra bodega

EXPERIENCIAS DE ENOTURISMO

Las bodegas ofrecen experiencias de enoturismo que engloban un viaje a través del paisaje, la cultura y la tradición. Viñedos, bodega, gastronomía y territorio se unen para mostrar la identidad de cada vino en su propio entorno. Además, es posible completar la experiencia con alojamiento en el hotel Nexus Valladolid, en pleno centro histórico. Estas son:

  • VISITA DESPERTAR DE EMOCIONES- 120 € por adulto (IVA incluido). Reserva previa (mínimo 6 días). Duración de 6 horas

Recorre viñedos, bodega y barricas, y termina con una cata de 3 vinos y un almuerzo castellano maridado. Incluye traslado desde la estación de tren.

  • VISITA PARA LA MEMORIA- 80 € por adulto (IVA incluido). Lunes a sábado a las 11:00 h. Grupo máximo: 6 personas Duración de 2 horas.

Camino por el viñedo y la bodega hasta llegar a las barricas. Finaliza con una cata de 3 vinos y aperitivo local.

  • VISITA SENSACIONES- 35 € por adulto (IVA incluido). Lunes a viernes: 11:00 / 13:00 / 16:00 h Sábados: grupo mínimo 6 personas. Duración de 2 horas

Recorre jardines y bodega para conocer el proceso de elaboración. Termina con una cata de 3 vinos y aperitivo local.

EL VERDADERO LUJO

La experiencia termina con la cata, pero en realidad es ahí donde todo empieza.

Aromas de fruta negra, notas balsámicas, recuerdos de monte, matices florales… y una sensación clara de equilibrio. Nada sobra, nada molesta, todo fluye. ¡Y entonces se entiende todo!

Que el lujo no está en la etiqueta, ni en el precio, ni siquiera en la complejidad. Está en algo mucho más difícil de conseguir, en hacer un vino que apetezca seguir bebiendo. Sin esfuerzo. Sin ruido. Sin prisa. Como todo lo que realmente merece la pena. Os dejamos el contacto:

Ctra de Pesquera de Duero a Renedo s/n
47315 Pesquera de Duero. Valladolid.
 L-V 9:00 a 18:00 h