La medicina estética ya no es lo que era, y quizá eso sea lo mejor que le podía pasar. Hoy, lejos de soluciones rápidas o resultados estandarizados, el foco está en algo mucho más interesante, verse mejor sin dejar de ser una misma. Con más información, más criterio y también más exigencia, los pacientes han cambiado… y el sector con ellos.

En este nuevo escenario, Sain Clinics se posiciona como un espacio donde la estética se entiende desde la honestidad médica, la personalización y el acompañamiento real. Hablamos con su fundadora, Laura Pomares, para descubrir cómo ha evolucionado el perfil del paciente, qué se busca hoy en cirugía y medicina estética y por qué la naturalidad se ha convertido en el nuevo lujo.

Una conversación cercana, sin filtros innecesarios, que pone sobre la mesa algo clave, la belleza no va de transformarse en otra persona, sino de sentirse bien en la propia piel con criterio, seguridad y sentido común. Empezamos…..

1. Laura, ¿Cómo nació el proyecto de SAIN CLINICS y cuál era la necesidad que querías cubrir dentro del sector médico-estético?

SAIN CLINICS nace de escuchar muchas veces la misma frase, aunque cada paciente la dijera de una forma distinta: “quiero sentirme bien, pero me da miedo equivocarme”. Ahí entendí que en el sector hacía falta algo más que una clínica bonita o un buen antes y después. Hacía falta un lugar donde la paciente se sintiera comprendida, bien asesorada, acompañada de verdad y garantizar en cierto modo que su inversión y tiempo están justificados.

Muchas personas llegan a la cirugía estética después de años intentando aceptar algo que les incomoda. A veces es el abdomen después de los embarazos, otras veces el pecho, la piel tras una pérdida de peso, una mala cirugía anterior o simplemente esa sensación de no verse como se sienten por dentro. SAIN CLINICS nació para dar respuesta a esas situaciones con un enfoque serio, médico y muy humano.

Mi objetivo nunca fue crear una clínica que vendiera cirugías como si fueran productos. Quería construir una experiencia completa: valoración honesta, equipo especializado, seguridad, seguimiento y resultados que tuvieran sentido para la vida real de la paciente. Porque cuando una persona decide operarse, no está comprando solo un cambio físico; está aceptando un cambio en su vida y tomando una decisión muy íntima.

2. En los últimos años hemos visto una creciente demanda de tratamientos estéticos. ¿Cómo ha evolucionado el perfil de los pacientes que acuden a vuestra clínica?

El paciente ha cambiado muchísimo. Hoy llega más informado, compara más, pregunta más y también exige más. Antes muchas personas venían con una idea muy concreta: “quiero esto”. Ahora vienen con una preocupación más profunda: “esto me afecta, ¿qué puedo hacer de verdad?”.

También vemos una paciente más madura en la decisión. No necesariamente por edad, sino por mentalidad. Ya no se conforma con una respuesta rápida o con una promesa bonita. Quiere saber quién la ópera, cómo será el postoperatorio, qué pasa si tiene una duda, qué límites tiene su caso y qué resultado puede esperar de forma realista.

Y hay algo muy importante: cada vez llegan más pacientes que han tenido una mala experiencia previa. Personas que eligieron por precio, por prisa o porque les dijeron lo que querían oír, y después se dan cuenta de que en cirugía el camino corto puede salir muy caro emocional y económicamente. Ese perfil busca seguridad, criterio y una clínica que no le diga “sí” a todo.

3. ¿Qué importancia tiene para vosotros el enfoque personalizado a la hora de diseñar un tratamiento o plan estético?

Para nosotros lo es todo. En estética no se puede trabajar con plantillas. Dos pacientes pueden pedir una lipoescultura, una abdominoplastia o una elevación de pecho, pero tener cuerpos completamente distintos, piel distinta, historia y expectativas distintas.

La personalización empieza escuchando. Qué le molesta, desde cuándo, qué ha intentado antes, qué espera conseguir, qué le da miedo y qué no quiere que le pase. A partir de ahí se puede empezar a valorar si el tratamiento tiene sentido.
A veces la mejor recomendación es operar. Otras veces es esperar, preparar mejor el cuerpo, bajar peso, dejar de fumar, estabilizar hábitos o incluso no hacer nada. Y eso también forma parte de una buena medicina estética. Personalizar no es decirle a todo el mundo que sí; es decirle a cada persona lo que realmente necesita escuchar, aunque a veces no sea lo más comercial, y como siempre digo “yo duermo tranquila cada día”.

4. ¿Cuáles son actualmente los tratamientos médico-estéticos más solicitados por vuestros pacientes?

En SAIN CLINICS el mayor interés y en lo que somos especialistas es todo lo relacionado con transformación corporal. Las pacientes nos consultan mucho por lipoescultura 360, abdominoplastia, abdominoplastia circunferencial, elevación de pecho, reducción mamaria, cirugía después de maternidad y cirugías combinadas en una misma intervención.

También ha crecido mucho la demanda de tratamientos postoperatorios y de recuperación, porque cada vez se entiende mejor que el resultado no depende solo de un buen cirujano. La recuperación, los drenajes, las curas, la aparatología, el cuidado de la piel y el seguimiento son una parte esencial del proceso.

En medicina estética facial, la tendencia va hacia tratamientos que mejoran sin cambiar la expresión: piel más luminosa, rasgos descansados, armonización y prevención. Pero nuestro corazón como clínica está muy centrado en cirugía corporal compleja, reparación y cambios físicos que tienen un impacto real en la seguridad de la paciente.

5. Cada vez se habla más de resultados naturales. ¿Crees que la búsqueda de una belleza más armónica ha sustituido a las tendencias más artificiales de años anteriores?

Sí, completamente. La paciente actual no quiere parecer otra persona. Quiere verse mejor, más favorecida, más segura, pero seguir siendo ella. Esa es una evolución muy positiva.

Durante un tiempo se normalizaron resultados muy evidentes: volúmenes excesivos, cuerpos poco proporcionales o rostros demasiado modificados. Ahora hay una vuelta a la armonía. Y para mí eso es mucho más elegante. Un buen resultado no debería gritar “me he operado”, debería transmitir “qué bien está”, “qué buena cara tiene”, “qué cambio tan bonito”.

En cirugía corporal ocurre igual. No se trata de hacer cinturas imposibles ni cuerpos copiados de una famosa o influencer de moda. Se trata de leer el cuerpo de cada paciente, respetar sus proporciones y conseguir una mejora que sea potente, pero coherente. La naturalidad no es hacer poco; es hacer lo justo, en el lugar correcto y con buen criterio.

6. En cuanto a cirugía plástica, ¿Cuáles son las intervenciones que más han crecido en demanda durante el último año?

Ha crecido muchísimo todo lo relacionado con cirugía corporal después de maternidad y cambios de peso. La abdominoplastia, la lipoescultura 360, la remodelación corporal y las cirugías combinadas de abdomen y pecho están entre las más demandadas.

Muchas pacientes llegan diciendo: “yo entreno, me cuido, como bien, pero esto no cambia”. Y muchas veces tienen razón. Hay piel sobrante, separación muscular, flacidez o cambios en el pecho que no se corrigen solo con dieta o ejercicio. Ahí la cirugía bien indicada puede marcar una diferencia enorme.

También ha crecido la reparación de cirugías previas. Cada vez vemos más pacientes que buscan corregir resultados que no les convencen o que directamente les han generado un problema. Son cirugías más complejas, más delicadas y con una carga emocional muy fuerte, porque esa persona ya viene con miedo a volver a confiar.

7. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la cirugía plástica con fines estéticos y la cirugía reparadora?

La cirugía estética busca mejorar una zona del cuerpo que genera incomodidad o que la persona desea armonizar. La cirugía reparadora, en cambio, parte de una alteración, una secuela, una deformidad, una cicatriz, una mala cirugía previa o un cambio físico que necesita una corrección más compleja.

Pero en la vida real la frontera no siempre es tan rígida. Una abdominoplastia después de tres embarazos puede tener una parte estética, pero también puede reparar una pared abdominal debilitada, exceso de piel, cicatrices o una incomodidad física y emocional. Una reducción de pecho puede mejorar la silueta, pero también aliviar peso, molestias y limitaciones en el día a día.
Por eso me gusta mirar más allá de la etiqueta. Lo importante es entender qué problema tiene esa paciente, cómo le afecta y qué solución es posible ofrecer con seguridad.

8. Desde tu experiencia, ¿Qué papel desempeña la cirugía reparadora en la mejora de la calidad de vida y la autoestima de los pacientes?

Tiene un papel enorme. A veces se piensa que la autoestima es algo superficial, pero cuando una persona evita mirarse, evita fotos, evita ropa, evita intimidad o siente vergüenza de una parte de su cuerpo, eso pesa mucho en su vida diaria.

La cirugía reparadora puede ayudar a cerrar una etapa. Lo vemos mucho en pacientes que han perdido mucho peso, que han tenido una mala cirugía o que han vivido cambios fuertes tras la maternidad. No se trata solo de quitar piel, corregir una cicatriz o mejorar una forma; se trata de que esa persona deje de sentirse condicionada por algo que le recordaba constantemente una etapa difícil.
Hay pacientes que después de la cirugía nos dicen cosas muy sencillas, pero muy potentes: “me he vuelto a poner un vestido”, “me he hecho fotos con mis hijos”, “ya no me escondo”, “por fin me reconozco”. Para mí, ahí está el verdadero valor de este proyecto.

9. Como profesional del sector, ¿Qué mitos sobre la medicina estética y la cirugía plástica te gustaría desterrar?

El primero es que quien se opera lo hace por frivolidad. Esa idea hace mucho daño. Hay pacientes que llevan años sufriendo una inseguridad real, y querer solucionarla no las hace superficiales. Las hace humanas.

El segundo mito es pensar que la cirugía sirve para adelgazar. No es así. La cirugía corporal puede remodelar, retirar piel, mejorar proporciones o definir zonas concretas, pero no sustituye los hábitos. Los mejores resultados se consiguen cuando la paciente entiende que la cirugía y el autocuidado deben ir de la mano.

El tercero es creer que todo se puede arreglar. Hay casos que sí, otros que parcialmente y otros en los que hay que ser muy prudentes. Por eso la valoración honesta es tan importante.

Y el cuarto mito es que todas las clínicas ofrecen lo mismo. No es verdad. En cirugía plástica no solo importa la técnica; importa el equipo, el hospital, el seguimiento, el postoperatorio, la capacidad de respuesta, la documentación, la experiencia y la responsabilidad con la que se acompaña a la paciente.

10. De cara al verano, ¿Qué recomendaciones darías a quienes quieren cuidar su piel y mantener unos resultados estéticos saludables y naturales?

La primera recomendación es no hacer nada con prisa. El verano suele despertar muchas ganas de verse mejor, pero los tratamientos y las cirugías necesitan planificación. Hay procedimientos que no conviene hacer justo antes de exponerse al sol, viajar o cambiar rutinas.

Para la piel, lo básico sigue siendo lo más importante: protección solar todos los días, hidratación, limpieza adecuada y tratamientos que no agredan. Parece simple, pero la constancia cambia muchísimo la calidad de la piel.

Y para quienes ya se han realizado una cirugía o un tratamiento, mi consejo es respetar los tiempos. El cuerpo no entiende de vacaciones ni de prisas. Hay que cuidar las cicatrices, evitar el sol directo cuando no corresponde, seguir las revisiones y mantener hábitos que acompañen el resultado.
La estética saludable no consiste en llegar perfecta al verano. Consiste en sentirse bien de una forma sostenible, cuidarse con cabeza y elegir profesionales que no vendan prisas, sino resultados con sentido.

CONTACTO:

Sain Clinics Cirugía plástica y Médicina Estética
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