Lo que comenzó como una conversación improvisada entre dos desconocidas en un café de París se ha convertido en una de las marcas de cosmética natural con mayor personalidad del panorama actual. Detrás de Rowse están Nuria Val, fotógrafa apasionada por la naturaleza, y Gabriela Salord, especialista en marketing y desarrollo de startups, que decidió dejar una prometedora carrera en un fondo de inversión para dar vida a un proyecto propio.
Con apenas 30.000 euros de sus ahorros desarrollaron su primer producto, un aceite corporal inspirado en el poder de las plantas y en una forma de entender el cuidado de la piel. Lo que empezó con una web creada por ellas mismas y pedidos preparados en casa terminó creciendo durante la pandemia hasta consolidarse como una firma de referencia.
Hoy, Rowse combina ingredientes botánicos con biotecnología, cuenta con un centro propio de tratamientos faciales en Madrid y continúa ampliando su universo con nuevas experiencias y proyectos internacionales.
Hablamos con Gabriela para descubrir cómo una idea nacida en París ha acabado convirtiéndose, en una marca que entiende la belleza como un auténtico estilo de vida.

“NUNCA QUISIMOS CREAR SOLO UNA MARCA DE COSMÉTICA”
¿Cómo nació Rowse?
Trabajaba en un fondo de inversión en París ayudando a startups a desarrollar su estrategia de marketing. Veía muchas marcas de belleza y sentía que existía un espacio para hacer las cosas de otra manera. Un amigo me presentó a Nuria, que estaba allí por la Fashion Week, y desde la primera conversación conectamos, hablando de plantas, naturaleza y belleza. Ninguna de las dos venía con la idea de crear una empresa, pero terminamos lanzándonos a la aventura.
Invertimos nuestros ahorros para desarrollar el primer producto, un aceite corporal, porque para nosotras era la forma más pura de aprovechar las propiedades de las plantas. La web la montamos durante un fin de semana y los primeros pedidos los preparábamos con ayuda de mi familia. Era un proyecto paralelo a nuestros trabajos, pero poco a poco empezó a crecer.

¿Cuándo supisteis que aquello tenía futuro?
Antes de la pandemia ya veíamos que existía un interés por una cosmética natural diferente, pero el gran impulso llegó durante el confinamiento. Muchas personas descubrieron el autocuidado y nosotras empezamos a compartir rituales, recetas e ideas para transformar ese tiempo en casa en un momento de bienestar. La comunidad creció muy rápido y eso nos permitió profesionalizar la empresa y formar un equipo.
“LA NATURALEZA SIGUE SIENDO NUESTRA BASE, PERO HOY TAMBIÉN HABLAMOS DE CIENCIA”
La marca ha evolucionado mucho desde entonces. ¿Cómo ha cambiado vuestra filosofía?
La esencia sigue siendo la misma. Siempre hemos querido crear productos eficaces, sensoriales y con ingredientes naturales de gran calidad. Lo que ha cambiado es la innovación. Hoy podemos combinar esos activos botánicos con ingredientes biotecnológicos como péptidos, exosomas o niacinamida, porque la consumidora busca resultados cada vez más visibles. Para nosotras no existe una confrontación entre naturaleza y ciencia; las dos pueden convivir perfectamente.
Después de consolidar la marca decidisteis abrir un centro de estética. ¿Qué os llevó a dar ese paso?
Vimos que la gente quería volver a vivir experiencias presenciales. La cosmética se disfruta tocándola, oliéndola y dejándose asesorar. Empezamos con una pequeña cabina dentro de nuestro showroom y comprobamos que las clientas buscaban mucho más que una rutina facial.
Hoy cada tratamiento comienza con un diagnóstico personalizado para entender qué necesita realmente la piel. No creemos en soluciones universales ni en promesas imposibles. Trabajamos mucho la parte emocional. Nuestros tratamientos no solo buscan mejorar la piel; también ayudan a relajar el sistema nervioso mediante maniobras específicas en rostro, brazos y manos. Queremos que cada tratamiento sea una especie de meditación activa.

¿Cuáles son los fallos más habituales que encontráis en las rutinas de cuidado facial?
Muchas personas utilizan productos demasiado agresivos, especialmente si tienen la piel mixta o grasa. Piensan que cuanto más resequen la piel mejor controlarán el sebo, cuando sucede exactamente lo contrario. La piel intenta defenderse produciendo todavía más grasa.
También vemos rutinas excesivamente complicadas, con demasiados activos mezclados sin criterio. Al final, muchas veces menos es más.
¿Siguen existiendo prejuicios hacia los aceites faciales?
Sí, todavía hay personas que relacionan el aceite con una sensación grasa, cuando en realidad la piel necesita tanto hidratación como nutrición. Un buen aceite vegetal ayuda a mantener el equilibrio de la barrera cutánea y es un excelente complemento después de la crema hidratante para evitar la pérdida de agua, especialmente en ciudades secas como Madrid.
¿Qué recomendarías a alguien que quiere empezar a cuidar su piel?
Que no se complique. Una buena limpieza, una crema hidratante adecuada y protección solar diaria son la mejor base. Después pueden incorporarse otros productos según las necesidades de cada piel.
Pero también es importante disfrutar del ritual. Cuando las texturas y los aromas convierten ese momento en un pequeño descanso, la rutina deja de ser una obligación y pasa a convertirse en un hábito de bienestar.

¿Qué proyectos de futuro tiene Rowse?
Seguimos creciendo poco a poco porque siempre hemos entendido Rowse como un proyecto de vida. Estamos ampliando nuestra presencia en spas y hoteles boutique, donde la experiencia también forma parte del cuidado, y tenemos un proyecto muy especial en la Costa Brava, donde queremos crear un espacio Rowse con experiencias de bienestar, retiros y tratamientos.
Además, la acogida en mercados como México nos anima a seguir creciendo internacionalmente, pero siempre de forma muy meditada.
“QUEREMOS DEMOSTRAR QUE ES POSIBLE EMPRENDER SIN RENUNCIAR A TU VIDA”
¿Qué ha sido lo más gratificante desde que fundasteis la marca?
Ver cómo una idea acaba convirtiéndose en una realidad. Detrás hay muchísimo trabajo, sacrificio y decisiones difíciles, pero también la satisfacción de construir un proyecto que refleja exactamente quiénes somos.
Como madre, además, me gusta que mis hijas vean que merece la pena perseguir los sueños. Todavía quedan muchos retos para las mujeres emprendedoras y creemos que es importante demostrar que se puede construir una empresa sin perder de vista la vida personal, aunque ese equilibrio haya que reinventarlo cada día.
En un mercado lleno de nuevas marcas, ¿Qué hace diferente a Rowse?
No creemos que seamos únicamente una marca de cosmética. Queremos crear un estilo de vida alrededor del autocuidado. Cuando alguien descubre Rowse no solo compra un producto, participa en talleres, comparte experiencias, vuelve a los tratamientos y termina formando parte de una comunidad que entiende la belleza como un ritual de bienestar. Ese vínculo con las personas es, probablemente, nuestro mayor éxito y el motivo por el que seguimos creciendo sin perder nuestra esencia.
Nuestro agradecimiento a Gabriela por su tiempo, su cercanía y por compartir con nosotros la historia y la filosofía de Rowse. Seguiremos muy de cerca la marca, el centro y sus nuevos proyectos. Os dejamos el contacto:


























